Imagínese un sedán Mercedes de la vieja escuela luchando por subir una colina. El motor traquetea. El conductor reduce la marcha. Del tubo de escape sale humo negro. Esa imagen se queda grabada en la mente estadounidense. Para muchos, define el diésel: ruidoso, sucio, con poca potencia.
El combustible diésel cuesta más aquí que en Europa, donde aproximadamente la mitad de los coches funcionan con él. Las normas sobre emisiones en algunos estados de EE.UU. van más allá y prohíben por completo la venta de ciertos modelos diésel. El estereotipo está arraigado.
Pero esa era está terminando.
La tecnología moderna ha eliminado el hollín y el ruido. BMW, Mercedes-Benz y Volkswagen están eliminando los motores diésel de combustión limpia. Estos motores pasan las regulaciones más estrictas, lo que significa que pueden venderse en los 50 estados. Son más poderosos. Son más confiables. Y son sorprendentemente eficientes.
Tomemos como ejemplo el BMW 120d Coupé europeo de 2008. Ofrece un rendimiento estimado de 55 mpg (23,4 km/l). Ese es un kilometraje importante.
Esto plantea la siguiente pregunta lógica.
¿Qué sucede cuando se combina esa eficiencia con la tecnología híbrida?
¿Cómo se comportaría un híbrido diésel en la carretera? ¿Arruinaría el banco? ¿Qué tipo de impacto ambiental tendría realmente? Estamos analizando varios enfoques para esta combinación. Quizás te sorprendan los datos.
