Los propietarios de vehículos eléctricos (EV) que dependen de la infraestructura pública en lugar de la carga en el hogar se enfrentan a una inminente crisis financiera. Mientras los operadores de redes de carga luchan con gastos generales cada vez más altos, los líderes de la industria advierten que la carga de estos costos inevitablemente repercutirá en el automovilista.
El aumento de los costos fijos
El principal factor detrás del aumento de los precios no es el costo de la electricidad en sí, sino los costos fijos asociados con el mantenimiento de una conexión a la red eléctrica.
Osprey, una importante red de carga rápida del Reino Unido, destacó recientemente una asombrosa disparidad en los costos de los sitios. En un caso notable en Wolverhampton, los cargos fijos anuales para un solo sitio aumentaron de sólo £87 a £33,651 en cinco años.
Según Andrew Nosworthy, director comercial de Osprey, la industria ha estado absorbiendo estos aumentos masivos durante el mayor tiempo posible, pero el modelo actual se está volviendo insostenible.
Desglosando el precio
Para comprender por qué la carga parece costosa, es necesario observar qué constituye el precio por kilovatio-hora (kWh). Actualmente, el coste medio de la carga rápida y ultrarrápida es de aproximadamente 76 peniques por kWh.
El organismo de la industria ChargeUK proporciona un desglose de adónde va realmente ese dinero:
– Cargos permanentes: Aproximadamente 30 peniques por kWh (han aumentado casi un 500 % desde 2020).
– Impuestos de póliza: Entre 6p y 10p por kWh.
– IVA: Aproximadamente 10p (basado en una tasa del 20%).
Esto significa que una parte importante de lo que un conductor paga al momento del enchufe no tiene nada que ver con la energía real consumida, sino más bien con el costo de mantener el cargador “disponible” y listo para usar.
La “brecha de capacidad”: pagar por el futuro
Surge una pregunta central: si actualmente sólo alrededor del 5,4% de los vehículos del Reino Unido son eléctricos, ¿por qué estos costos fijos son tan astronómicos?
La respuesta está en el escalamiento de la infraestructura. Para respaldar un futuro en el que haya millones de vehículos eléctricos en las carreteras, los operadores están invirtiendo fuertemente (aproximadamente £6 mil millones ) en la red antes de que sea rentable.
“La industria paga tarifas fijas basadas en la capacidad futura, no en la utilización actual”, explica Jarrod Birch de ChargeUK.
Debido a que la red eléctrica debe construirse para manejar la “demanda máxima” (los momentos en que muchos automóviles se cargan a la vez), los operadores deben pagar por cantidades masivas de capacidad que a menudo permanecen inactivas. Algunos operadores informan que sus sitios están operando actualmente a solo 25 % a 33 % de su capacidad, sin embargo, deben pagar el precio completo para garantizar que la red pueda soportar el día que finalmente llegue la demanda.
La incertidumbre del IVA
El coste de la carga pública también está atrapado en un tira y afloja legal en materia de impuestos.
– El precedente: Un tribunal de febrero dictaminó que la carga pública de vehículos eléctricos debería tributar a la tasa nacional del 5 % en lugar de a la tasa comercial del 20 %, lo que habría reducido significativamente los precios para los conductores.
– El estado actual: El gobierno del Reino Unido ha manifestado su intención de apelar esta decisión, dejando la posibilidad de cobrar más barato en un estado de limbo legal.
Impacto en la transición
La realidad financiera de la carga pública crea una “brecha en la carga”. Si bien los propietarios de viviendas pueden aprovechar tarifas eléctricas nocturnas más bajas, quienes dependen de redes públicas (incluidos muchos conductores de flotas y residentes urbanos) enfrentan costos operativos mucho más altos. Como señaló la Asociación Británica de Alquiler y Arrendamiento de Vehículos (BVRLA), estos altos costos siguen siendo una barrera importante para la adopción generalizada de vehículos eléctricos.
Conclusión
Mientras las redes de carga se preparan para un futuro de alta demanda, actualmente se ven obligadas a pagar por una capacidad eléctrica masiva que aún no se utiliza por completo. Hasta que la demanda alcance la infraestructura, o hasta que se reestructuren las políticas impositivas y de red, es probable que el costo de la carga pública siga siendo un obstáculo importante para los usuarios de vehículos eléctricos.





























